PWN Madrid

Así vivimos el taller "Volver al centro cuando todo va rápido"

Published on May 25, 2026
ARTÍCULO EDITORIAL · LIDERAZGO Y DESARROLLO

Decidir cuando todo va rápido

Las profesionales con más responsabilidad son las que peor deciden a última hora del día. No es debilidad: es cómo funciona la atención. Y se puede gestionar.

 

Hay un patrón conocido en muchas trayectorias profesionales. Cuanto más arriba, más decisiones por hora. Más interrupciones. Menos margen entre una y la siguiente. La cultura corporativa premia esa intensidad y la asume como parte del puesto.

Lo que rara vez se nombra es que esa intensidad tiene un coste medible. A medida que se acumulan decisiones a lo largo de un día, las personas tienden a tomar decisiones que requieren menos esfuerzo. Aprueban lo que ya está sobre la mesa. Posponen lo difícil. Ceden donde por la mañana habrían empujado.

Tiene nombre: fatiga decisional. Y afecta especialmente a perfiles directivos.

Por qué importa en una carrera

El estudio más citado viene de la judicatura. A medida que avanza la sesión, los jueces son cada vez más propensos a elegir la opción del statu quo, como denegar la libertad condicional. El mismo expediente, mismo juez, recibe una decisión distinta según la hora.

No es cuestión de criterio. Es cuestión de cuántas decisiones llevas tomadas ese día.

Trasládalo a una jornada directiva. La negociación de las 18:30 no se sostiene igual que la de las 10:00. La evaluación del candidato senior tampoco. Y hay un efecto añadido que importa en carreras largas: la fatiga mental empuja hacia decisiones más conservadoras y dificulta procesar bien el feedback. Es decir, se decide peor y se aprende peor de lo decidido.

Lo que no resuelve el problema

La respuesta habitual es metodológica: mejor agenda, mejor priorización, mejores herramientas. Necesario, pero corto. La gestión del tiempo cambia qué decides; no cambia que decidir cansa.

Tres palancas que sí mueven la aguja, según la literatura y la experiencia de quienes lo aplican:

Coloca las decisiones importantes a primera hora. No es preferencia personal. Es ingeniería de la jornada. Las decisiones de impacto alto se sostienen mejor antes de la cuarta reunión.

Decide en frío lo que no querrás decidir en caliente. Establece criterios cuando estás descansada: cuándo dirás no a un proyecto, qué presupuesto tope aceptas, qué condiciones no negocias. Cuando llegue el momento, ya está decidido.

Reduce el número de decisiones, no solo su dificultad. Cada decisión menor que delegas o automatizas libera capacidad para las que sí importan.

Hay una cuarta palanca que la cultura corporativa española está aceptando despacio: el estado desde el que decides.

La pregunta que cambia la conversación

En el último taller online de PWN Madrid, Volver al centro cuando todo va rápido, la psicóloga sanitaria y coach Ana Llorens planteó una pregunta que en sala dejó silencio: ¿desde dónde estás decidiendo?

No qué decides. No cuándo. Desde qué estado.

Cuando decides en piloto automático —urgencia, reuniones encadenadas, sin pausa real entre una cosa y la siguiente— la calidad media de tus decisiones cae aunque no lo notes. Y ahí está parte del problema: la fatiga decisional no se siente como cansancio. Se siente como decisión rápida.

En la sesión, Llorens trabajó con dos prácticas breves. Una rueda para identificar qué área profesional pide atención real esa semana, antes de decidir cualquier otra cosa. Y una pausa guiada de minuto y medio para salir del modo reacción antes de una decisión que importa.

No es introspección extensa. Es un interruptor.

Tres cosas que puedes aplicar mañana

1. Bloquea decisiones importantes antes de las 12:00.

Si te llega una a última hora, la apuntas y la decides al día siguiente. Si no puedes posponerla, al menos sabes que tu juicio está degradado.

2. Instala una pausa antes de decisiones que pesan.

Noventa segundos. La pregunta «¿desde dónde estoy decidiendo ahora?» sirve.

3. Audita tu volumen decisional.

¿Cuántas de las decisiones que tomas hoy podría tomar otra persona? Cada una que sueltas libera capacidad para las tuyas.

El activo que nadie está protegiendo

La capacidad de decidir bien de forma sostenida —no en un momento, sino a lo largo de años— es uno de los activos profesionales peor protegidos. Las trayectorias directivas largas no son las que toman más decisiones. Son las que protegen mejor su capacidad de decidir.

Eso requiere algo que la cultura corporativa todavía premia poco: parar antes de decidir. No por relajación. Por calidad de juicio.

 

Ana Llorens es psicóloga general sanitaria (col. M-34826) y coach ejecutiva. Acompaña a profesionales que funcionan bien por fuera y se sienten sin centro por dentro. Más información en 

Este artículo recoge ideas trabajadas en el taller Volver al centro cuando todo va rápido, organizado por PWN Madrid en mayo de 2026.